«Storie Alfa Romeo», séptimo episodio – Una revolución en formas y colores: el 33 Stradale, el Carabo y el Montreal

  • Ingenio y rigor, habilidad y valentía en la selección de los materiales, un estilo que combina la innovación tecnológica y la creatividad: estos son los ingredientes del diseño del Tipo 33.
  • El diseño surgió del espíritu competitivo que anima cada creación Alfa Romeo. Ese mismo espíritu ha significado muchas victorias en carreras y dio vida a dos «gemelos no idénticos»: el 33 Stradale y el Carabo.
  • Diseñado por Franco Scaglione, el 33 Stradale es una síntesis de toda su experiencia técnica y audacia creativa: una obra maestra donde la innovación en el estilo se combina con la búsqueda de la aerodinámica y la funcionalidad.
  • Marcello Gandini de Bertone diseñó el Carabo, sus características futuristas y su atención al color y la pintura lo convierten en el automóvil del mañana. Esa misma investigación cromática continuó con el Montreal.
  • Este año es el 50 aniversario del Montreal. Presentado en 1967 en un verde poco convencional, representaba “las grandes aspiraciones del hombre moderno en términos de automóviles”.

El coche: fotografía de una época

Faros para los «ojos», calandra para la «boca», frontal para la «cara» y, por supuesto, el «cuerpo» del vehículo, los «hombros» y los «costados» diseñados por los pasos de rueda. Estas similitudes antropomórficas todavía se usan en la actualidad. ¿Cómo surgieron y por qué? Los primeros coches fueron literalmente «carruajes sin caballos», sin adornos específicos. A partir de los años treinta, los «carroceros» (un nombre que permanece hasta nuestros días) se convirtieron en expertos trabajando el metal. Batían la chapa a mano, directamente sobre un bastidor de madera, creando modelos genuinamente únicos, con líneas redondeadas y sensuales que parecían perseguir un ideal orgánico. A medida que evolucionó la producción industrial, las formas tendieron a simplificarse, porque las máquinas de estampado de esa época no permitían tanto refinamiento y tridimensionalidad. En un determinado momento, a finales de los años sesenta, las dos inspiraciones estilísticas divergieron claramente. La diferencia entre un «coche antropomórfico» y el «coche del mañana» está representada de manera plástica por el 33 Stradale y el Carabo, dos modelos Alfa Romeo desarrollados a partir de la misma base técnica.

Diseñados sobre la misma plataforma

El 33 Stradale y el Carabo no podían ser más diferentes. Uno todo nervios y músculos, como un atleta retratado en pleno esfuerzo deportivo; el otro, todo líneas rectas y ángulos, destinados a captar la esencia de la movilidad e impulsarla hacia el futuro. Mucho más que dos interpretaciones: son dos mundos diferentes.

La base técnica compartida de estos dos coches es la síntesis de cincuenta años de experiencia en carreras de Alfa Romeo. Diseño ingenioso y riguroso, habilidad y valentía en la selección de los materiales, un estilo que combina la innovación tecnológica y la creatividad: estos son los ingredientes del diseño del Tipo 33.

El deseo de competir

Todo esto surge del deseo de competir, unas ganas que nunca se han apagado.

En 1964, Giuseppe Luraghi, el entonces presidente de Alfa Romeo, sintió que era hora de un regreso oficial. Para reconstruir el equipo de carreras adquirió Autodelta, una empresa de Udine que ya era un socio privilegiado en la producción de los TZ. Junto con Autodelta, Carlo Chiti, que trabajó en Portello de 1952 a 1957, también regresó a Alfa Romeo, asumiendo el papel de director de la escudería oficial.

Ese mismo año, empezó a tomar forma el proyecto 33. Luraghi le pidió a su equipo un coche que pudiera competir en las «categorías del momento» por éxito de público y atención de los medios: el mundial de sport prototipos y las cronoescaladas.

Autodelta

A mediados de los años sesenta, Autodelta se trasladó a Settimo Milanese, más cerca de la planta de Alfa Romeo, pero sobre todo del circuito de pruebas de Balocco.

El primer bastidor del Tipo 33 diseñado por Alfa Romeo llegó a los talleres Autodelta en 1965. Tenía una estructura tubular asimétrica en forma de «H», realizada en aleación de aluminio, con los depósitos de combustible integrados en su interior. En la parte frontal, una estructura de magnesio proporcionaba un excelente soporte para la suspensión delantera, los radiadores, la dirección y los pedales. El grupo motor/cambio se montaba longitudinalmente en una posición central trasera. La carrocería era de fibra de vidrio, para limitar la masa total del vehículo a 600 kg, el peso mínimo reglamentario. Una vez más, la ligereza es el arma secreta de Alfa Romeo.

La victoria en los Campeonatos Mundiales de Marcas de 1975 y 1977

Los cortos plazos de desarrollo no fueron realistas para un proyecto tan ambicioso (e innovador). Pasarían casi dos años antes de que el 33 estuviera listo para competir. Para las primeras pruebas, el vehículo montó el 4 cilindros de 1570 cm³ del TZ2, mientras se desarrollaba un motor completamente nuevo, con una configuración de 8 cilindros en V, una cilindrada de dos litros y una potencia de 230 CV en su debut.

El primer 33 en correr se apodó de inmediato «Periscopica», por la toma de aire que sobresalía por encima de la barra antivuelco. Se eligió la cronoescalada de Fléron, cerca de Lieja, para su debut. El piloto era el jefe de pilotos de pruebas de Autodelta, Teodoro Zeccoli. Después de años de meticulosa preparación, el 33 entró en el mundo de las carreras el 12 de marzo de 1967. Y ganó de inmediato.

Fue la primera de una larga serie de éxitos en los circuitos más prestigiosos. Esta serie de victorias, también en el Campeonato Mundial de Marcas de 1975 y 1977, elevó al 33 a la cima del mundo.

El aristócrata florentino que quería ser diseñador

Cuando Alfa Romeo decidió producir el 33 en una serie muy pequeña para clientes particulares, necesitaba un nuevo aspecto que interpretara su carácter deportivo en clave vehículo de carretera.  El proyecto se encomendó a Franco Scaglione.

Nacido en Florencia en el seno de una antigua familia aristocrática, Scaglione estudió ingeniería aeronáutica hasta que entró en el servicio militar. Luego se dirigió al frente de Libia y fue hecho prisionero en Tobruk. Regresó a Italia a finales de 1946. No quiso reanudar sus estudios y decidió convertirse en diseñador de coches: primero con Pinin Farina, luego con Bertone y después trabajando como diseñador independiente.

Scaglione puso toda su experiencia técnica y audacia creativa en el diseño del 33 Stradale, creando una obra maestra donde la innovación en el estilo se combina con la búsqueda de la aerodinámica y la funcionalidad.

El 33 Stradale

El capó del 33 Stradale se abre completamente para mejorar el acceso a los componentes mecánicos. Por primera vez en un automóvil «street-legal», sus puertas en «élitros» facilitan el acceso a un vehículo que se eleva a menos de un metro del suelo. Las únicas diferencias con la versión de carreras son la ampliación de la distancia entre ejes en 10 centímetros y un bastidor de acero en lugar de uno de aluminio. El motor es el mismo que el del Tipo 33, totalmente hecho de aleaciones de aluminio y magnesio, con inyección mecánica indirecta y lubricación por cárter seco. La distribución se realiza mediante un doble árbol de levas en cabeza, con dos válvulas y dos bujías por cilindro. En un coche tan liviano, sus 230 CV significan que puede alcanzar una velocidad máxima de 260 km/h y pasar de 0 a 100 km/h en 5,5 segundos.

Su debut en Monza

El coche se presentó oficialmente en el Salón del Automóvil de Turín de 1967, pero había debutado unas semanas antes frente a un público de entusiastas y expertos. El 10 de septiembre de 1967 se disputa el Gran Premio de Italia en Monza, la novena prueba del campeonato mundial de Fórmula Uno. Ese Gran Premio pasó a la historia por la épica remontada de Jim Clark ante Jack Brabham y por el debut de uno de los coches deportivos más bellos de la historia. En el lanzamiento, el 33 Stradale era el coche deportivo más caro del mercado, se vendía por casi 10 millones de liras italianas en comparación con los 6/7 millones de sus rivales de más prestigio. Solo se produjeron 12 modelos con carrocería Scaglione. Sus compradores hicieron la inversión de sus vidas: hoy prácticamente tienen un valor incalculable.

La nave espacial

El 33 Stradale representa la culminación del concepto de «coche antropomórfico». Pero la búsqueda de estilo también encaminó a Alfa Romeo en otras direcciones. La idea de un «coche del futuro», parecido a una nave espacial, se manifestó en los años cincuenta con el  «Disco Volante» (el Platillo Volador) diseñado por Touring: un spider fruto de la investigación aerodinámicaavanzada, con guardabarros redondeados lateralmente y unidos al cuerpo de un vehículo bajo y elegante.

En el Salón del Automóvil de París de 1968 se presentó un «automóvil de ensueño», que representa la evolución de esta idea extrema: el Carabo, diseñado para Bertone por Marcello Gandini, que entonces contaba solo con 30 años.

Un gemelo no idéntico: el Carabo

El Carabo se basó en la mecánica del 33 Stradale, utilizada también en esos años por otros diseñadores para vehículos únicos y exclusivos como el Iguana de Giorgetto Giugiaro, el 33 Coupé Speciale y el Cuneo de Pininfarina, y el Navajo de Bertone. La altura era la misma, menos de un metro, pero las líneas redondeadas habían desaparecido por completo. Todo en el Carabo está bien marcado, desde el diseño en cuña hasta sus puertas con apertura de «tijera». El nombre Carabo se inspiró en el «Carabus auratus», un escarabajo de colores metálicos brillantes. Los mismos tonos se utilizan para la carrocería del vehículo: verde luminiscente con detalles en naranja. A partir de ese momento, Alfa Romeo comenzó a prestar especial atención a los colores extravagantes y las técnicas especiales de pintura, para resaltar aún más la singularidad de la marca. Esa misma exploración cromática continúa con el Montreal.

El Montreal

En 1967, países de todo el mundo llevaron sus mejores logros técnicos y científicos a la Exposición Universal de Montreal. A Alfa Romeo se le pidió que creara un símbolo tecnológico para la Expo, un modelo para representar «la máxima aspiración del hombre moderno en cuestión de automóviles». Satta Puliga y Busso le pidieron ayuda a Bertone, que encargó a Gandini el diseño de la carrocería y los interiores. El resultado fue un éxito rotundo. Los visitantes norteamericanos apreciaron mucho la elegancia y los contenidos del automóvil. A raíz del interés del público, se desarrolló una versión de serie, que se presentó en el Salón del Automóvil de Ginebra en 1970. A diferencia del concepto original, este Montreal tiene un motor V8 derivado del Tipo 33, con una cilindrada elevada a 2.6 litros y una potencia limitada a 200 CV. El modelo impresiona por su extraordinaria gama de colores, tanto pasteles como metalizados: del verde (utilizado anteriormente en el coche de exhibición para la Expo) al plateado, y del naranja al dorado. La exploración cromática es una tradición de Alfa Romeo que seguiremos viendo en los próximos capítulos de «Storie Alfa Romeo». La misma tradición también continúa hoy, en la nueva paleta de colores de carrocería que se ofrece: Rojo Villa d’Este, Ocre GT Junior y Verde Montreal. Estos tonos están inspirados en los 110 años de historia de la marca y están dedicados a algunos de sus modelos más gloriosos.

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